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18-07-2013



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El abuso sexual y el maltrato en la infancia, sus repercusiones en la edad adulta.

Los malos tratos en la infancia constituyen una problemática social cuya importancia no ha sido reconocida hasta hace relativamente pocos años. Según la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas aprobada en la Convención sobre los Derechos del Niño en el año 1989, tendría una visión muy amplia que comprendería todas las formas de violación a los derechos del niño.

Para centrar con rigor un tema de tal importancia, conviene que comencemos por establecer lo que entendemos por abuso sexual y maltrato en la infancia.

Definición de maltrato: Acción no accidental efectuada por parte de los padres/cuidadores que provoca daño físico o enfermedad al menor.

La prevalencia encontrada en España en el periodo 1997/1998 fue de 7,16 niños maltratados por 10.000 niños menores de 18 años. Por Comunidades Autónomas destaca la Ciudad de Ceuta y Melilla con una prevalencia de 12,92 y 15,19 por 10.000 niños respectivamente. Por el contrario la Comunidad de Madrid y el País Vasco tienen prevalencias bajas, algo más de 5 por 10.000 menores. (Informe Maltrato Infantil. España (1997/1998). Centro Reina Sofía)

Definición de abuso sexual: Cualquier comportamiento en el que un menor es utilizado por un adulto u otro menor como medio para obtener estimulación o gratificación sexual. Se incluyen el voyeurismo, exhibicionismo, tocamientos y penetración. También la inducción de un menor a la prostitución por parte un familiar aunque la relación sexual se mantenga con terceros. ( PrevInfad . 2005)

El 23% de las niñas y el 15% de los niños en España sufren actualmente algún tipo de abuso sexual. Estos son los números que se desprenden de las estadísticas elaboradas por el profesor Félix López Sánchez, catedrático de psicología de la sexualidad de la Universidad de Salamanca, y que ponen de relieve la magnitud real de un problema muchas veces oculto.

A los datos vistos anteriormente, extrapolables a las diversas comunidades autónomas del Estado, se añade uno nuevo que viene a agravar la situación, y es que el 60% de estos y estas menores abusadas no reciben ningún tipo de ayuda.

Esta situación está motivada básicamente por dos causas. En primer lugar, la escasez de recursos públicos y privados para su tratamiento; y, en segundo, el secretismo que envuelve a los abusos sexuales y al maltrato, aún en la actualidad, se viven socialmente como un tabú inconfesable que deja a las víctimas en la más absoluta indefensión y, en no pocas ocasiones, cargadas de culpabilidad y de temor.

Con elevada frecuencia el abuso ocurre en el seno del propio hogar y por parte de personas vinculadas parental y/o afectivamente al niño, constituyendo de esta manera una forma específica de violencia familiar, acompañada o no de otras formas de agresión como el maltrato físico o psicológico. El hecho de que generalmente ocurra dentro del ámbito privado del hogar o sea perpetrado por una persona allegada, la puesta en marcha de mecanismo autoculpabilizadores en la propia víctima, los tabúes culturales que rodean lo concerniente a la sexualidad y en algunos casos la amenazas, son algunos de los factores que contribuyen eficazmente al ocultamiento de los casos de abuso sexual (Rodríguez, 2006).

Así, un altísimo porcentaje de las personas que han sufrido abuso sexual durante su infancia se ven abocadas a una vida adulta estigmatizada y sembrada de problemas que se concretan en depresión, ansiedad, baja autoestima, desarreglos alimenticios, adicciones, aislamiento y marginación, hostilidad a las personas del mismo sexo que la persona agresora... y en un 58% de los casos, intentos de suicidio -según datos aportados por FOROGAM (Foro de Grupos de Ayuda Mutua para víctimas de abusos sexuales en la infancia)-. A todo esto hemos de añadir que las personas que han padecido estas agresiones están predispuestas a sufrir nuevos abusos en la edad adulta bien sea por su pareja u otros, a ser objeto de explotación sexual, y a manifestar problemas relacionados con la sexualidad como dificultad para relajarse, anorgasmia o promiscuidad.

Durante un tiempo se pensó que los abusos sexuales ocurrían solamente en las clases sociales mas bajas, marginales o desestructuradas. Sin embargo, todos los estudios realizados hasta la fecha demuestran que no es así. El abuso sexual se da en cualquier estrato sociocultural y, contrariamente a lo que cabría pensar, es el núcleo familiar el ámbito con mayor incidencia de casos. Esto añade dificultad no sólo a un posible tratamiento, sino al mismo reconocimiento de ser víctima de abusos, ya que decidirse a revelarlo supone enfrentarse a todo un entorno familiar que, en la mayoría de las ocasiones, lejos de apoyar y comprender a la víctima se transforma en su principal enemigo.


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